A las cinco y cuarenta y cinco de la tarde, del jueves 17 de enero de 1974

hace cincuenta años, un grupo de jóvenes del M-19, hombres y mujeres, rescataba una de las espadas del libertador Simón Bolívar, de la quinta que lleva su nombre en Bogotá.

Cuarenta años después

Cuarenta años después, o sea, hace diez, a las nueve de la mañana del sábado 18 de enero del 2014, se abrió la puerta de un lugar dominado por un baúl, rodeado de una energía especial. Cuentan narraciones, crónicas y relatos urbanos que, en él, o en su cercanía, el poeta León de Greiff guardó la espada de Simón Bolívar que le confiara el M-19.

Entre viejas botellas de gaseosa Wizz, Agua Cristal y cervezas de Bavaria

Asimismo, mezclados entre viejas botellas de gaseosa Wizz, Agua Cristal y cervezas de Bavaria, asomaron libros, discos, discos y libros y objetos precolombinos. Son auténticos despojos de un naufragio que han perdurando en el espacio, sobreviviendo a inundaciones, saqueos e incendios. Concentran una poderosa carga de misterio y sacralidad y todos forman parte de las lecturas y escrituras de León de Greiff; de su extraordinaria y fantástica cotidianidad textualizada, pues, El Maestro vivió el mundo para verlo, leerlo, oírlo, escribirlo y decirlo.

Este cuarto es un caos y un cosmos en permanente transfiguración

En él se siente la progresión de los elementos y también de los lenguajes. Sus fragmentos, residuos, descomposiciones, remanentes y cenizas, son materias primas de la creación. Viajan en el espacio y a través del tiempo y van y vienen como de muy muy lejos.

Las energías que emanan del baúl en donde estuvo la espada de Bolívar

En medio de aniversarios de acontecimientos notables, en los que se dan coincidencias de coordenadas planetarias y de las estrellas fijas, es bueno aventurarse y visitar lugares desconocidos o inexplorados. Y también es oportuno contar uno que otro secreto. Voy a intentar compartir algunos que han surgido durante estos diez años.

Las energías que emanan del baúl en donde estuvo la espada de Bolívar, o en donde está porque ya no es posible abrirlo, son símbolos de conjunción que establecen uniones y enlaces misteriosos.

Están cargadas de hierro que, por su relación con el planeta Marte, ahuyenta el egoísmo, la mezquindad y la maldad. Pero, téngase en cuenta que la espada es símbolo de perforación o desgarramiento en algún lugar de un cuerpo vivo, y tiene el poder de herir. el baúl tiene señales de perforación o desgarramiento.

Por eso no basta la espada sola para que el campo de fuerzas que emana del baúl sea positivo y favorable para lograr la libre determinación de las personas de orientarse hacia la vida y la alegría, desprendiéndose de la miseria y de la violencia.

Encarnación tumaqueña del otroyo

Y aquí es donde viene la revelación que voy a hacer. En el baúl, además de la espada de Bolívar, se guardaron, y se conservan, los complementos de la espada:

Una serie muy hermosa de objetos precolombinos, entre los que sobresalen una encarnación tumaqueña del otroyo (León de Greiff tuvo setenta y siete otrosyóes), una maternidad y una hermosa serie de volantas de husos o de torteras.

El huso, es una varita de madera con un contrapeso y que manualmente se gira para ir haciendo la madeja de hilo. Este contrapeso se le conoce como volantas de huso o torteras.

Las volantas del baúl, al igual que todas las conocidas, son de cerámica, circulares, aplanadas o cónicas, y con un orificio central por donde pasa el huso. Tienen grabadas en su superficie diferentes diseños lineales o geométricos, con plantas, semillas, aves o mamíferos.

En el barrio Santa Fe, donde vivió León de Greiff y apareció el baúl, me contó Saúl, el esposo de María Kos, que la materia y forma de las volantas o torteras, se asemeja a una “vesica piscis”, (una forma de pez) ovalada que ha servido para inscribir imágenes sagradas como la de Jesús en la Edad Media.

La “vesica piscis” está construida a partir del entrelazado de dos círculos con el mismo radio, de modo que el centro de cada uno está sobre el perímetro del otro. Se estima que la humanidad ya la utilizaba desde sus inicios, constituyéndose en la base de las geometrías sagradas

Mencioné que en el baúl hay una maternidad precolombina. Pues, bien: la “vesica piscis” y las volantas o torteras, evocan también la forma por antonomasia de la vulva femenina. Y para algunos matemáticos con influencia pitagórica, esta figura es la madre de todas las formas geométricas. De ella surgen: La diada, al unir los dos centros de los círculos con los que se obtiene en la intersección la figura ovalada, el triángulo, el rectángulo, el cuadrado, el trapecio, el hexágono, el rombo, el círculo, el pentágono, el octógono y todas las demás formas multitetradimensioparamidales, como la obra, las palabras y el mundo de León de Greiff.

Está figura de las volantas de huso o torteras, está presente en el arcano XXI del tarot: el mundo como anillo de la figura femenina de la naturaleza.

Las volantas de huso o torteras, sirven, pues, para hilar que, como cantar, es una acción equivalente a crear y mantener la vida. De tal forma que, dando vueltas y vueltas y vueltas sucesivas, se va extendiendo la vida.

El baúl, la espada y las volantas de huso simbolizan, respectivamente, muerte y fecundidad. Los dos contrarios que, al unirse, le dan continuidad a la existencia.

Espada y volandas, así unidas, son defensoras de las fuerzas de la luz contra las tinieblas. Quienes las portan tienen la misión mágica, poética y amorosa de combatir las fuerzas oscuras, personificadas en los vivos y muertos malévolos.

La espada y las volandas, entonces, propician el bien, la armonía y la paz. Asociadas al fuego y a la llama, por su forma y por su resplandor, se emplean para purificar a través del fuego y del agua. La Espada es recta y las volandas curvas. Las dos reúnen, entonces, al sol y a la luna y también lo masculino, lo femenino y lo diverso.

La espada, por lo que tiene de “exterminación física”, es un símbolo de la evolución espiritual. La recuperada el 17 de enero de 1974 era una espada rota o incompleta; es decir, estaban en ella destruidas la fuerza espiritual y el ánimo de Bolívar. Se tomó para volverla a templar, al pasarla de mano en mano, y darle todo su poder a partir del valor, la energía y el esfuerzo de quienes la empuñen con propósitos libertarios y felices.

Y esta aventura no ha terminado. Ha tenido varias salidas, tal vez tres, como las salidas de Don Quijote, pero no se ha recompuesto enteramente. Por eso, la espada de Bolívar, unida las volantas de uso, comienza una Cuarta Salida.

Para empezar, vamos a principiar a poner a circular un puñado de vientos comprimidos, de cuando ha sido blandida en las mil y una batallas, para avivar, así, sus poderes, sus aires. Y esto lo vamos a iniciar, respirando; absorbiendo aire y luz solar. Estableciendo conexiones con los ritmos del universo, mientras vamos hilando delgado, largo y fino, hilado delgado, largo y fino…

Fotografías: Ana María Londoño, Augusto Pineda y Hernando Cabarcas Antequera. Agradecimientos especiales a Luz Ángela Caldas Cano y Saúl Ibáñez

Edición y concepto creativo web: Gabriel Benavides

Autoría : Investigación  y textos Hernando Cabarcas Antequera