1925 Primera semana de enero. Aparición de Tergiversaciones
Tergiversaciones de Leo Le Gris, Matías Aldecoa y Gaspar se publica a comienzos de enero de 1925 en la tipografía Augusta de Bogotá, empresa colombiana de artes gráficas, situada en la Carrera 8 n. 8-49. Jesús Antonio Uribe editó el libro, en un tamaño de 15x21ctms y con 204 páginas. *Repito este pedazo en Audio 4 1 comienzo Está dedicado a los 13 Panidas y contiene algunas viñetas de Ricardo Rendón, uno de los 13 del grupo y de los más cercanos al poeta, quien tuvo a su cargo el diseño gráfico del hermoso ejemplar.
Resulta particularmente significativo el hecho de que se concentre en el título del libro el hondo proceso de ficcionalización, dispuesto por de Greiff, alrededor de la autoría de la obra. De forma ingeniosa, autor y personajes se vinculan a los ámbitos de la fábula y de la leyenda, dilatando los límites de las páginas y pasando a habitar ciertos planos de la existencia; a un punto tal que, Matías Aldecoa es autor y dueño de libros que identifica con su firma.
Es así como, en varios momentos de la poesía de León de Greiff, resulta dominante la voz de los personajes-poetas que son narradores de sus vidas y el autor ofrece su obra como un material que no le pertenece enteramente y del cual no es responsable a cabalidad. Logra, así, que la obra se convierta en “historia” o incluso en “crónica”.
En la dedicatoria del álbum para Matilde, que incluye muchos de los poemas publicados en Tergiversaciones, el autor escribió: “en algunos de los versos que aquí copio hay poesía: no es culpa del autor; el autor huye de la poesía escrita (…) Como se lee, unas veces habla el “autor” y otras el “copista” … pero el “poeta” no habla… ¿Qué se fizo “el poeta”?
Al entrar el libro en circulación aparece en el Suplemento Literario Ilustrado de El Espectador una “Oración para que nadie compre el mamotreto de León de Greiff”, firmada por Ciro Mendía. En ella el poeta de Medellín declara su amistad por León, pero también su conocimiento de que “el público lector se llamaría a engaño con tales versos y podría linchar de un momento a otro al autor de Tergiversaciones”. Razón por la cual le suplica a Jesucristo que no permita “que el libro de versos de León de Greiff tenga venta en el mercado literario y que todos los ejemplares de la primorosa y fina edición que salió de los talleres de la Tipografía Augusta se cubran de polvo en los estantes de las librerías colombianas, para gloria de su autor y para escarmiento de su editor”.
Una de las primeras reseñas que se escriben sobre Tergiversaciones es la firmada por José Mar el 13 de enero de 1925 en una página de El Espectador. Allí el comentarista anuncia que “ya se encuentra en las librerías de la ciudad, donde seguramente recibirá algunas hoscas miradas, el libro de versos de León de Greiff “primer mamotreto”, lleno de bellas y extrañas rimas revolucionarias”. También en esta nota José Mar precisa que de Greiff no es un poeta que pueda ganarse, por lo impersonal y por lo reglamentario “la simpatía de la gran mayoría de lectores aficionados a la poesía, y seguramente un “plebiscito” literario no lo favorecería con la unanimidad de los votos. En cambio, el joven poeta ha conquistado definitivamente el aprecio intelectual del público iniciado”.
Dibujo y diseño del poeta para portada del libro
Entre las múltiples reseñas de Tergiversaciones que inmediatamente comienzan a hacerse vale la pena destacar la que envía desde Cambridge, Juan Lozano y Lozano, el 12 de febrero de 1925. En ella caracteriza a de Greiff como “un reformador de la rima y un exquisito cazador de emociones” porque “los procedimientos artísticos de de Greiff son múltiples, y no provienen del acaso, sino de un gran sentido de proporción entre el pensamiento y la palabra, y de un gran conocimiento de la lengua”. Juan Lozano enfatiza en que “de Greiff ha resucitado palabras hermosas y decidoras que dormían su sueño de bellas durmientes en los empolvados tomos de Ribadeneira (…) Pero entiéndase que de Greiff no es un coleccionador profesional de palabras obsoletas, lo que sería odioso. El arcaísmo viene de si en los versos de de Greiff, y forma un originalísimo contraste con los neologismos de cuño del poeta”.
Ejemplar de la novela de Cervantes perteneciente a Matías Aldecoa, firmado 2 de julio de 1919, por el poeta y con las iniciales MBN (Matilde Bernal Nicholls), novia y futura esposa de León de Greiff (1927)
Un aspecto interesante de la temprana circulación de Tergiversaciones es el de su valoración comparativa con otros libros de poesía, publicados entre finales de 1924 y comienzos de 1925. Luis Vidales, poeta amigo de León de Greiff y vinculado también al renovador grupo de “Los Nuevos”, el 12 de febrero de 1925, se refiere al libro de Octavio Amortegui Patios de luna. Escribe en el Suplemento Ilustrado de El Espectador que “el libro de Amortegui –aunque no nos convenza del todo- aparece como una seña de lo que vale nuestra juventud. Pero todavía no nos conformaríamos si no supiéramos que Tergiversaciones de León de Greiff hará olvidar en nosotros ese tufillo de agonía que marcó la lectura de los libros del año pasado”. Vidales señala como exagerada la afirmación de un crítico del momento en el sentido de que Patios de luna sea la síntesis de “nuestra tendencia poética”. De igual forma, le parecen esquemáticos los esfuerzos por inscribir las producciones de la poesía colombiana del momento bajo los rótulos de las “escuelas nuevas: cubismo, dadaísmo, ultraísmo, creacionismo, futurismo”, desconociendo que, más allá de las simples nominaciones, le interesan a los poetas colombianos, como lo representa Tergiversaciones y es lo que se desea para Amortegui, “no las rutas viejas sino la orientación novísima, ensanchando la inteligencia y dejando de martirizar las ideas con el consonante, para dar el verso emocional, lleno de sugerencias, de matices desconocidos, con hondas raíces en la imaginación”.
Unas reseña temprana
Tergiversaciones constituyó en su momento todo un manifiesto poético, que revelo propuestas estéticas orientadas hacia la originalidad y hacia una sensibilidad verdaderamente nueva.
La actitud tergiversadora, renovadora, de León de Greiff, evidenciada a través de su primer mamotreto, gravita en torno a su recreación de ciertas corrientes de la tradición y sus propósitos de distanciarse y de polemizar con otras. Sus innovaciones, que tienen en la búsqueda de autenticidad un presupuesto esencial, son el resultado de una profunda inmersión en ese orden simultáneo en el que existen la literatura y la cultura.
En el espacio de la literatura y de lo literario León de Greiff se alió con sus padres y abuelos (poetas modernistas y simbolistas) y tatarabuelos literarios (poetas de la Edad Media y del Siglo de Oro Español) y se distanció de sus hermanos contemporáneos; es decir, sus tentativas de búsqueda de una escritura de la escritura, con un castellano en constante efusión y con buena parte de la literatura a cuestas, lo llevaron a remontarse en el pasado, a escribir poesía con referentes que estaban más allá de la tradición inmediata.

